Compañeros y compañeras:
En el momento en que escribo esta carta, han transcurrido dos horas desde que la Policía Federal Preventiva (PFP) tomó todas las instalaciones de la Compañía de Luz y Fuerza del Centro (CLyFC), y una hora, aproximadamente, desde que apareció publicado el decreto por el cual se liquida dicha Compañía, es decir, una hora desde que miles de trabajadores electricistas han sido lanzados a la calle por mandato presidencial. Los antecedentes de esta ofensiva del gobierno de Felipe Calderón contra CLyFC y el Sindicato Mexicano de Electricistas (SME), se encuentra en el proyecto neoliberal que desde hace más de veinte años ha defendido la clase política de este país, y en el cual no caben los derechos de los trabajadores organizados, en general, y menos aún los derechos de los trabajadores organizados en un sindicato independiente y combativo como el SME, en particular.
Los medios masivos de comunicación, al principio, trataron de hacernos creer que todo se trataba de un conflicto entre dos corrientes antagónicas que se disputaban la dirigencia del sindicato. Posteriormente, cuando apareció en las pantallas de nuestras televisiones el Secretario del Trabajo, Javier Lozano Alarcón, negando la toma de nota al Secretario General del SME, Martín Esparza, y se dio a conocer el apoyo de César Nava, presidente nacional del PAN, a la disidencia sindical, supimos que no se trataba de un conflicto interno, sino de una intervención descarada del gobierno federal en la vida del Sindicato. Además, el Secretario de Gobernación, Fernando Gómez Mont, salió a amenazar a los trabajadores electricistas con que podría echarse mano de la fuerza del Estado en caso necesario. A partir de ese momento, la consigna fue: respeto total a la autonomía sindical, y esa consigna sirvió para que los compañeros electricistas organizaran una ejemplar movilización el día jueves ocho de octubre a las cinco de la tarde, hasta la residencia oficial de los pinos, en donde una comisión del sindicato fue recibida por el Secretario Particular del Presidente de la República. En ese momento, el conflicto entró en una “pausa” bastante extraña, en la que sólo quedaba esperar que la Junta Federal de Conciliación y Arbitraje le otorgara o le negara la toma de nota al compañero Martín Esparza como Secretario General del SME, ya que es la única instancia que tiene dichas atribuciones. Cabe señalar, además, que esto iba a suceder a fines de octubre, y, mientras tanto, el Sindicato no podía contar con una dirigencia jurídicamente reconocida, por lo cual, el SME se encuentra legalmente inhabilitado para hacer uso de sus derechos más elementales, como la huelga, por mencionar un ejemplo.
El día de ayer a las 23:00 horas, el Estado cumplió su amenaza y usó su fuerza para tomar y desalojar todas las instalaciones de la CLyFC, casi al mismo tiempo que decretaba la extinción de esta Compañía. Los periodistas que han cubierto este proceso ahora nos quieren convencer de varias cosas:
1.- Que el servicio de luz está plenamente garantizado, cuando no sabemos quiénes se vayan a hacer cargo de la generación, distribución y administración de la energía eléctrica en el centro del país.
2.- Que la toma de las instalaciones fue “pacífica”. Sin embargo, un operativo en el que intervienen cinco mil elementos policiacos con equipos antimotines y armas largas, a una hora en la que todo mundo está de fiesta, o en casa viendo un película, o durmiendo, no tiene nada de pacífico.
3.- Que debemos esperar lo que suceda administrativamente con la Compañía de Luz y Fuerza, como si todo se redujera a un simple cambio de personal.
4.- Nadie, absolutamente nadie, menciona qué va a pasar con todos los compañeros trabajadores que de pronto se quedaron sin trabajo. Y sobre este punto, hay que señalar algunos puntos de análisis:
a) Podemos estar de acuerdo o no con las formas en que se organiza y opera el SME, pero finalmente son los trabajadores, y nadie más que los trabajadores, quienes tienen el derecho y la responsabilidad de organizarse como mejor les convenga.
b) Podemos o no estar de acuerdo con las prestaciones y salarios que perciben los compañeros electricistas, pero estas no son prebendas que otorga el gobierno por buena voluntad, sino resultado de todas las luchas históricas emprendidas por el movimiento obrero mexicano, y que están respaldadas legalmente en el contrato colectivo de trabajo.
c) Podemos estar sumamente insatisfechos con el nivel de eficiencia en el servicio que nos ofrece la Compañía de Luz y Fuerza del Centro, y probablemente muchos piensen que lo mejor sería la privatización de dicha compañía, pero quiero pedirle a las personas que piensan de esa manera que reflexionen si las privatizaciones son, en realidad, el antídoto que nos quieren vender para aliviar todos los males de este país, o si no son más que un pretexto para que unos cuantos hagan negocios multimillonarios. Qué piensen, por favor, si lo mejor es tener las tarifas más caras de telefonía en toda América Latina, a pesar de que el servicio de Teléfonos de México, propiedad de Carlos Slim, es tan malo o peor que el que ofrece la Compañía de Luz y Fuerza del Centro, por sólo mencionar el más evidente ejemplo.
d) También quiero pedirles qué piensen en lo que harían si en unas cuantas horas, por decreto presidencial, se quedaran sin trabajo. ¿Hasta dónde estarían dispuestos a llegar?
Quizá este sea el punto más delicado de la discusión que viene en los siguientes días. Quien piense que el Sindicato Mexicano de Electricistas va a permanecer inmóvil, esperando pacientemente a que se liquide a todos los trabajadores, está equivocado. La Ciudad de México se convertirá en el escenario donde se desarrollarán las jornadas de lucha más largas y difíciles en los últimos años. Los objetivos deben ser muchos: la derogación del decreto de extinción de Luz y Fuerza del Centro, la reinstalación inmediata de todos los compañeros electricistas en sus puestos de trabajo, el respeto absoluto a la autonomía sindical, el cese del hostigamiento político en contra de los dirigentes del SME, el cumplimiento total del contrato colectivo de trabajo.
Si la sabiduría popular se impone, según el sapo será la pedrada, por lo tanto: a una acción como la que tuvo lugar hace unas horas, debe corresponder una reacción del mismo tamaño, y para que tal cosa sea posible, es necesario que tomemos conciencia del nivel de violencia que el gobierno panista está ejerciendo en contra de los trabajadores electricistas como si lo hubiera hecho en contra de nosotros mismos. Como sociedad civil, considero que nuestro papel no está en ser viles espectadores de un proceso que nos va a afectar directamente en el desarrollo de nuestra vidas cotidiana. Por el contrario: debemos solidarizarnos con el SME, crear comités de apoyo, formar redes alternativas de información, organizarnos en torno a las demandas y acciones que emprenda el sindicato, convocar a todas las personas posibles a movilizarse para revertir esta ofensiva, promover la solidaridad de todos los colectivos, organizaciones e individuos con la causa del SME. Estoy seguro de que otros sindicatos, los estudiantes, los sectores más progresistas de los partidos políticos, las organismos de derechos humanos, los colectivos independientes, los de equidad de género, todos, absolutamente todos los que pensamos que la realidad puede ser menos patética, vamos a sumarnos y a tomar parte activa en este proceso histórico que debe eliminar nuestras diferencias.
Ahora más que nunca es necesario, urgente, salir a la calle. No basta sentarse a reflexionar y discutir.
Carlos